7 reglas a seguir

7 reglas a seguir

Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud para una alimentación adecuada

Una guía clara y completa

Cuando se habla de adelgazamiento, a menudo se recurre a modas, dietas milagro o soluciones extremas. La Organización Mundial de la Salud (OMS), en cambio, propone un enfoque mucho más sólido y científico: no una “dieta temporal”, sino un conjunto de reglas universales para comer de forma saludable, prevenir la obesidad y mejorar la salud a largo plazo.

Las indicaciones de la OMS no están pensadas solo para perder peso, sino para construir hábitos alimentarios sostenibles durante toda la vida. Precisamente por eso representan la referencia más fiable en el ámbito nutricional.


El principio fundamental: el equilibrio energético

El primer concepto que expresa la OMS es simple pero clave:
el peso corporal depende de la relación entre las calorías ingeridas y las calorías gastadas.

Para adelgazar no son necesarias estrategias drásticas, sino un déficit calórico moderado y constante, es decir, comer ligeramente menos de lo que se consume. La OMS sugiere reducciones graduales, en torno al 10–20 % de las calorías habituales, evitando dietas demasiado restrictivas que provocan pérdida de masa muscular y una rápida recuperación del peso.

Un adelgazamiento saludable debería ser lento: alrededor de medio kilo por semana. Pérdidas más rápidas, en la mayoría de los casos, no son sostenibles ni saludables.


Azúcares: el verdadero enemigo de la salud moderna

Uno de los mensajes más claros y repetidos de la OMS se refiere a los azúcares simples.

Según las directrices, los azúcares “libres” —es decir, los añadidos a los alimentos o presentes en productos industriales— deberían representar menos del 10 % de las calorías diarias, e idealmente menos del 5 %.

Esto significa que, en una dieta de 2.000 calorías, la cantidad máxima recomendada de azúcares añadidos se sitúa entre 25 y 50 gramos al día.

Es importante aclarar un punto:
la fruta entera no entra en esta categoría, ya que contiene fibra y nutrientes que modulan su absorción. Distinto es el caso de los zumos de fruta, las bebidas azucaradas, los dulces y los productos procesados, que deberían reducirse drásticamente.

Las bebidas azucaradas, en particular, se consideran uno de los principales factores de riesgo de obesidad y diabetes.


Carbohidratos: apostar por la calidad, no por la cantidad

La OMS no demoniza los carbohidratos. Al contrario, reconoce su papel fundamental, siempre que procedan de fuentes adecuadas.

La recomendación es priorizar:

  • cereales integrales
  • legumbres
  • fruta
  • verduras
  • tubérculos como patatas y boniatos

Estos alimentos aportan energía estable y duradera gracias a su contenido en fibra.

Precisamente la fibra es otro punto central: la OMS recomienda una ingesta de al menos 25–30 gramos de fibra al día. La fibra aumenta la sensación de saciedad, mejora la salud intestinal, ayuda a controlar la glucosa y el colesterol y es una aliada clave en el adelgazamiento.

Los carbohidratos refinados —como harinas blancas, pan industrial, bollería y snacks— deberían limitarse, ya que favorecen los picos de glucemia y el hambre recurrente.


Grasas: no eliminarlas, sino elegirlas bien

Otro error común es pensar que para adelgazar es necesario reducir al mínimo las grasas. Las directrices de la OMS desmienten esta idea.

Las grasas deben representar aproximadamente el 20–35 % de las calorías totales, pero lo realmente importante es su calidad.

Las grasas saturadas, típicas de la mantequilla, los quesos muy grasos y las carnes procesadas, deberían mantenerse por debajo del 10 % de las calorías diarias. Las grasas trans —presentes en muchos productos industriales— deberían eliminarse prácticamente por completo, ya que están fuertemente relacionadas con las enfermedades cardiovasculares.

En cambio, se recomiendan:

  • aceite de oliva virgen extra
  • frutos secos
  • semillas
  • pescado rico en omega-3

Estas grasas “buenas” ayudan al sistema cardiovascular y contribuyen a un mejor equilibrio metabólico.


Proteínas: un papel clave en el control del peso

La OMS indica como requerimiento mínimo de proteínas unos 0,83 gramos por kilogramo de peso corporal.

Sin embargo, reconoce que durante una fase de adelgazamiento puede ser útil aumentar esta cantidad hasta 1,2–1,5 g/kg, para proteger la masa muscular y mejorar la sensación de saciedad.

Desde el punto de vista cualitativo, se fomentan fuentes proteicas como:

  • legumbres
  • pescado
  • carnes blancas
  • huevos
  • lácteos bajos en grasa

Las carnes rojas deberían limitarse y las procesadas (embutidos, fiambres) consumirse lo menos posible, ya que se asocian a un mayor riesgo de enfermedades crónicas.


Sal: un enemigo a menudo infravalorado

Otra indicación muy concreta de la OMS se refiere a la sal.

La cantidad máxima recomendada es de 5 gramos al día, equivalentes a unos 2 gramos de sodio.

Un consumo excesivo de sal está directamente relacionado con:

  • hipertensión
  • retención de líquidos
  • aumento del riesgo cardiovascular

Dado que gran parte de la sal que consumimos procede de alimentos industriales, la OMS invita a reducir de forma significativa los productos procesados, embutidos, snacks salados y quesos muy curados, priorizando especias y hierbas aromáticas para dar sabor a los platos.


Fruta y verdura: la base de la alimentación

De todas las recomendaciones, esta es quizá la más sencilla y la más importante:

consumir al menos 400 gramos de fruta y verdura al día, equivalentes a unas 5 raciones.

La fruta y la verdura aportan vitaminas, minerales, fibra y antioxidantes, con un contenido calórico muy bajo. Por eso deben ser la base diaria de cualquier alimentación orientada a la salud y al control del peso.


Alcohol: mejor reducirlo al mínimo

En cuanto al alcohol, la OMS es muy clara: no existe una cantidad realmente “segura”.

Desde el punto de vista del adelgazamiento, el alcohol es especialmente desfavorable porque:

  • aporta muchas calorías vacías
  • estimula el apetito
  • favorece la acumulación de grasa abdominal

La recomendación general es, por tanto, limitarlo al máximo.


Actividad física: parte integrante de las directrices de la OMS

Las recomendaciones alimentarias de la OMS siempre van acompañadas de las relacionadas con el movimiento.

Para los adultos se recomiendan:

  • al menos 150–300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada
    o bien
  • 75–150 minutos de actividad intensa

A esto deberían añadirse ejercicios de fuerza al menos dos veces por semana.

Para quienes desean perder peso o mantenerlo a largo plazo, suele ser necesario acercarse a la parte alta de estos rangos.


Un punto clave: reducir los alimentos ultraprocesados

En los últimos años, la OMS ha puesto especial énfasis en un aspecto fundamental:
la reducción de los alimentos ultraprocesados.

Bollería, snacks envasados, comida rápida, platos preparados y bebidas industriales son productos que favorecen el exceso calórico, alteran los mecanismos de saciedad y empeoran la salud metabólica.

Una alimentación realmente saludable debe basarse principalmente en alimentos simples y poco procesados.


En resumen: las reglas clave de la OMS

De forma resumida:

  • reducir los azúcares añadidos y las bebidas azucaradas
  • priorizar cereales integrales y alimentos ricos en fibra
  • consumir al menos 5 raciones diarias de fruta y verdura
  • elegir grasas de buena calidad
  • limitar la sal, las carnes procesadas y el alcohol
  • mantener un buen nivel de actividad física
  • basar la alimentación en alimentos frescos y no industriales

Cómo llevar todo esto a la vida diaria

Seguir las directrices de la OMS no significa hacer sacrificios extremos, sino adoptar hábitos sencillos:

  • llenar la mitad del plato con verduras
  • elegir cereales integrales en lugar de refinados
  • incluir legumbres varias veces por semana
  • beber principalmente agua
  • usar aceite de oliva virgen extra en crudo
  • limitar dulces y snacks procesados

Cuando estas reglas se convierten en rutina, la pérdida de peso se produce de forma natural y duradera, sin necesidad de dietas drásticas.